Ministerio de Relaciones Exteriores

Recientemente, la administración del presidente Salvador Sánchez Cerén ha realizado tres acciones sin precedentes relacionados al tema migratorio. Aunque dichas acciones son en diferentes campos, son coherentes con nuestro compromiso de velar por el respeto de los derechos humanos de las personas migrantes y sus familias.

Una de ellas fue lograr que 22 compatriotas en condición migratoria irregular –en su mayoría mujeres, niñas y niños pertenecientes a ocho grupos familiares- no fueran deportados de los Estados Unidos de América, sin antes agotar todos los recursos legales que estipula ese país. Dichas unidades familiares habían sido detenidas luego de los operativos que las autoridades de ese país norteamericano realizaron al inicio de este año.

En el cierre de 2015, nuestros esfuerzos sostenidos para hacer del Plan de la Alianza para la Prosperidad en el Triángulo Norte una realidad recibieron respaldo político y material por nuestra contraparte más importante en este tema, el Gobierno de los Estados Unidos de América.

Con suma satisfacción recibimos la noticia, el 16 de diciembre de 2015, que el Congreso de los Estados Unidos aprobó, a través de su Ley de Presupuesto (Apropiaciones), un monto total de 750 millones de dólares para Centroamérica, con énfasis en los países del Triángulo Norte, para contribuir a enfrentar las causas estructurales de la migración irregular.

Hace unos días me compartieron por redes sociales la antigua leyenda Cherokee que describe la conversación de un abuelo que dice a su nieto: "Hijo, hay una batalla entre dos lobos en el interior de todos. Uno es malvado. Vive de enojo, celos, codicia, resentimiento, inferioridad, mentiras y egoísmo. El otro es bueno. Se nutre de alegría, paz, amor, esperanza, humildad, amabilidad, empatía y verdad." El joven, permaneció pensativo por un instante y luego preguntó: "Abuelo, ¿cuál lobo ganará la batalla?" A lo que él tranquilamente respondió: "aquel que tú alimentes".

La conmemoración del XXIII Aniversario de los Acuerdos de Paz, el pasado 16 de enero, ha sido una verdadera oportunidad para que, como pueblo salvadoreño, reflexionemos sobre los avances logrados en estos años de construcción de nuestra democracia, pero también para que asumamos los desafíos que nos depara el futuro.

Desde el gobierno del presidente Salvador Sánchez Cerén, estamos conscientes de que tenemos camino por delante para alcanzar el pleno desarrollo de nuestra gente, que tenemos mucho trabajo por hacer para superar las causas estructurales que han estado enraizadas en nuestro país y que durante tantos años impidieron que los salvadoreños y las salvadoreñas transitaran hacia mayores niveles de progreso, con inclusión y equidad.

El anuncio hecho el pasado jueves 20 por el presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, sobre acciones ejecutivas para evitar temporalmente la deportación de unos cinco millones de indocumentados en la nación norteamericana, pone de manifiesto una vez más la importancia de avanzar hacia una solución permanente a la situación migratoria de dicha población.

Es comprensible que, dado el carácter irregular de la migración hacia los Estados Unidos, sea difícil tener un estimado de cuántos connacionales serán acogidos bajo esta medida ejecutiva. Sin embargo, e independientemente de las cifras, como gobierno de El Salvador hemos expresado nuestro agrado ante la determinación del mandatario estadounidense para dar este alivio parcial, pues con seguridad beneficiará a muchos de nuestros compatriotas en ese país.

Desde que en junio de este año fuimos testigos de un repunte en la migración irregular de niños, niñas y adolescentes hacia los Estados Unidos de América, el gobierno de El Salvador, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, emprendió acciones para garantizar el respeto y la protección de sus derechos, colocando siempre como prioridad su integridad física y psicológica.

Desde nuestra red consular, hemos acompañado a estos niños y a sus familias, velando por que los centros en los que permanecen reúnan las condiciones mínimas y abogando por el derecho a que sus casos sean evaluados por un juez migratorio. A la vez, hemos hecho esfuerzos informativos en nuestro país para desalentar a los padres a que envíen a sus hijos e hijas en ese peligroso recorrido, en el cual lamentablemente pueden ser expuestos a los abusos de las redes criminales.

 

El lanzamiento del plan de la Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte que hicieran los presidentes de El Salvador, Guatemala y Honduras, la semana pasada en la capital de los Estados Unidos de América, refleja un claro compromiso trinacional por responder a una situación que, por décadas, ha estado presente en nuestros territorios.

El repunte en la migración de la niñez y la juventud, de manera irregular y no acompañada, puso de manifiesto la urgente necesidad de buscar soluciones más allá de la coyuntura, pensando en el mediano y largo plazo, para desalentar esos flujos migratorios hacia los Estados Unidos, que durante años han sido motivados por una multicausalidad que abarca factores tan diversos como la falta de oportunidades de desarrollo en los lugares de origen, la inseguridad y la siempre tan anhelada reunificación familiar.

 

La visita realizada por el presidente Salvador Sánchez Cerén a los Estados Unidos Mexicanos refleja, sin duda alguna, la relevancia que tiene para el Gobierno de El Salvador el afianzar sus lazos con esta nación hermana. Hablamos de un país que no solo es uno de nuestros socios históricos y un importante aliado comercial, sino también, y no menos importante, un lugar de tránsito para muchos de nuestros compatriotas migrantes.

Es, además, una nación que trabajó arduamente con nosotros para lograr uno de los acontecimientos más importantes de nuestra historia reciente, como lo fueron los Acuerdos de Paz de 1992, acogiéndonos incluso en sus tierras para su firma, en el Castillo de Chapultepec.

Como bien apuntó el presidente Sánchez Cerén, son vínculos con un pueblo con el que compartimos el mismo anhelo por promover la paz, la democracia y la defensa de los derechos humanos como valores universales.

 

Con la firma de los Acuerdos de Paz en 1992, los salvadoreños dimos un paso importante hacia nuestra reconciliación como sociedad y, con ella, hacia la construcción de un Estado democrático en el que el respeto a los derechos humanos sería una piedra angular. Mucho es lo que hemos avanzado desde entonces y hoy, luego de casi 23 años de paz, el mundo nos reconoce no sólo como un país que pudo superar su conflicto, sino como uno que tiene significativos aportes para compartir en la esfera internacional.

Es con esa perspectiva que El Salvador, tras recibir el pasado 21 de octubre el voto favorable en el seno de la Asamblea General de las Naciones Unidas, asumirá a partir del 1 de enero de 2015 como uno de los 47 miembros del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, un organismo creado en 2006 para promover la protección de los derechos humanos en todo el mundo. Fueron 151 países los que, convencidos de la visión del gobierno del presidente Salvador Sánchez Cerén en esta materia, respaldaron nuestra postulación para ocupar este puesto. A todos ellos, el más profundo agradecimiento por su apoyo.

Cuando iniciamos el camino hacia un segundo compacto con la Corporación del Reto del Milenio (MCC) de Estados Unidos de América, nos propusimos impulsar un programa que le apostara al desarrollo incluyente y sustentable especialmente en la zona costera oriental, complementando así los esfuerzos realizados en la franja norte durante la ejecución del Fomilenio I.

 

Desde entonces, aún en nuestro primer periodo al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores, acompañamos este trabajo y planteamos como país la necesidad de incidir de manera significativa en desencadenar las acciones que condujeran al desarrollo económico y social en esa área del territorio, llena de un enorme potencial productivo y cuna de una importante fracción de nuestra población migrante.

Página 2 de 2

Manual Operativo

Whatsapp
Whatsapp