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Un violinista cuscatleco que brilla en Sendai, Japón

Publicado el 2 de diciembre, 2020

Néstor Efraín Rodríguez Pérez viene de un linaje de connotados músicos vicentinos: José Napoleón Rodríguez padre e hijo, dos pilares fundamentales de la historia de la música académica nacional.

“Me siento en realidad afortunado y muy agradecido con Dios por darme una familia de excelentes músicos, Mi abuelo y mi padre dos grandes ejemplos para mí. Mi abuelo, sin temor a equivocarme, puedo decir que era un genio y, gracias a él, varios de sus hijos, nietos y bisnietos heredamos un poquito de ese talento”, manifiesta el también vicentino.

Su primer maestro de violín fue su padre con quien inicia a estudiar solfeo y guitarra clásica.

Estudió bachillerato en artes en la rama de música y con especialidad de violín con los maestros Álvaro Díaz Cabrera y Gilberto Orellana hijo. Años después, formó parte del proyecto de la Escuela Superior de Música del Centro Nacional de Artes (CENAR).

Posterior a esta etapa, calificó con una beca de la Organización de los Estados Americanos (OEA) para estudiar en Costa Rica. En dicha nación recibió el curso de perfeccionamiento en instrumentos de cuerda impartido por los maestros Alexander Schneider y Jaime Laredo.

Asimismo, Rodríguez fue parte de la Orquesta Sinfónica de El Salvador.

En 1981, hace la audición y es aceptado en la Orquesta Filarmónica de Sendai, Japón de la que actualmente sigue siendo miembro. Ha sido dirigido por los músicos Yuzo Toyama (Japón), Paavo Järvi (Estonia), Pascal Verrot (Francia), Kazuki Yamada (Japón) y muchos más. Además, con la filarmónica de Sendai ha hecho gira a las ciudades de Ried, Linz, Villach y Viena, Austria; Roma, Italia; San Petersburgo y Moscú, Rusia.

Todo este legado y el orgullo de su procedencia, lo reafirma aún estando en tierras tan lejanas a su cuna y lo demostró en el 2015, cuando tocaron un concierto alusivo a compositores de América. “Como representante de Centroamérica se tocó el poema sinfónico “El Jiboa” de Napoleón Rodríguez Ruiz, siendo la primera obra sinfónica de un compositor salvadoreño que se ejecuta en Japón”, afirma Rodríguez.

“Para mí fueron momentos inolvidables, llenos de mucha emoción, pues siempre fue mi gran sueño de poder interpretar música de mi país en Japón”, añade.

Con el público nipón ha podido compartir una de las melodías que no deben faltar en su repertorio; “Dichoso fui”, obra para violín compuesta por el salvadoreño Ciriaco de Jesús Alas. Además ha interpretado “Vida, amor y paz” de José Napoleón Rodríguez.

En Japón ha tocado, además, en Tokyo Suntori Hall, Ochard Hall, Tokyo Metropolitan, Osaka Symphony Hall, Kanazawa Bunka Hall, Sendai Hitachi Sistems Hall, Tokyo Casals Hall, entre otros.

En su prolífica carrera, también destaca su participación en el cuarteto Hitosi Itakura, agrupación donde interpreta música clásica y tradicional de Japón.

En sus tiempos libres, gusta por escuchar a sus músicos académicos favoritos tales como Henryk Szeryng (Alemania), Maxim Vengerov (Rusia), Janine Hansen (Holanda), el cuarteto Emerson String (Estados Unidos) y Gustavo Dudamel (Venezuela).

Al consultarle sobre cómo somos vistos los salvadoreños por esta cultura oriental, afirma que somos asociados con nuestro café, el clima tropical y que somos grandes aliados internacionales.

“Por eso, cada vez que me presento, digo con orgullo: ¡Soy de El Salvador!”, finaliza Rodríguez.